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viernes, julio 1

ideologico

Cuando un grupo de muchachas sufrían ataques simultáneos en presencia de un acusado de brujería, los jueces de Salem, en el siglo diecisiete, no acertaban a ofrecer otra explicación que la de una posesión demoníaca. Cuando los seguidores de Charlie Manson atribuyeron a su cabecilla la posesión de poderes ocultos, ningún juez les tomó en serio. En los casi trescientos años que separan ambos incidentes, hemos aprendido bastante acerca de los determinantes económicos, sociales y psicológicos del comportamiento grupal. Una interpretación crudamente literal de tales eventos resulta hoy en día ridícula

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